martes, 20 de marzo de 2018

Los jardines de la Biblioteca General de la Universidad de La Laguna

Llega la primavera cuando muchas plantas se muestran en todo su esplendor y aprovechamos para dar un paseo alrededor de la Biblioteca General, en el Campus de Guajara, y conocer las plantas que alberga de la mano de nuestro compañero José Perera López, que como gran conocedor de la flora canaria nos hace un pormenorizado recorrido para no perder detalle.

José Perera López 
(Sala de Canarias, Biblioteca General)

Lamentablemente la Universidad de La Laguna perdió la oportunidad de crear un jardín botánico –con criterios científicos y no puramante ornamentales– aprovechando los jardines del mal llamado Campus de Guajara. Expresión incorrecta, porque este lugar nunca se llamó Guajara, siendo dicho nombre la consecuencia de asociar el nuevo Campus de Humanidades con la denominación de una urbanización residencial cercana, la cual, a su vez, fue bautizada con ese término a partir de un topónimo de la cumbre de Tenerife. En realidad, y según comunicación personal del historiador Manuel de Paz Sánchez, el terreno donde hoy se ubica nuestra Biblioteca General se llamaba La Hoya del Guirre, aunque esto es otra historia. Centrémonos en las plantas, y comentemos algo sobre los vegetales que podemos contemplar cuando venimos a la Biblioteca. Para ello hemos elaborado una lista de más de 40 especies, y que hemos ordenado de la manera siguiente:
En este listado, y precedidas de un asterisco (*): especies que pueden encontrarse de forma silvestre en Canarias, tanto aquellas que son endémicas (porque sólo crecen aquí en estado natural) como las que lo son autóctonas (porque además de en estas islas pueden hallarse también de manera silvestre en otros lugares). El resto de especies son plantas que han sido introducidas, tanto de forma voluntaria como involuntaria. En cursiva anotamos el nombre científico de una planta, y también en cursiva y negrita el nombre común de la misma.
En el plano, y en color rojo: plantas de muy pequeño tamaño que están al pie de un grupo de tres árboles localizado al Nordeste de las escaleras que dan acceso a la Facultad de Derecho.
Los hipervínculos que hemos establecido (siempre en letras azules) lo han sido, sobre todo, a partir de la página http://www.floradecanarias.com para aquellas especies que se pueden encontrar de manera silvestre en las Islas (tanto especies endémicas como autóctonas), mientras que para aquellas otras que han sido introducidas en el Archipiélago, hemos recurrido especialmente, aunque no siempre, a esa tan denostada, como útil y práctica, obra de referencia que es la Wikipedia.
1 Acalypha wilkesiana. Arbusto procedente de las islas del Pacífico, y que se utiliza como ornamental por la coloración de sus hojas, que puede ser variable en función de las distintas variedades, pero que generalmente es de un rojo intenso. La literatura botánica en español suele recoger acalifa como nombre común de aquellas del género Acalypha, lo que no es otra cosa que una castellanización del nombre científico. No obstante, en Canarias hemos recogido la forma califa, y como forma abreviada de aquella. Otra de sus denominaciones populares en las Islas es mata sombra, aunque hay que matizar que esta última puede ser una expresión genérica, que se puede aplicar a varias especies de plantas. Aparentemente es una especie nueva en la jardinería canaria.
*2 Adiantum capillus-veneris. El culantrillo es una especie de helecho que podemos ver en los muros de piedra seca que rodean al edificio de la Biblioteca General, pero únicamente en aquellos sectores donde no da el sol, y al mismo tiempo donde sus ejemplares aprovechan el agua que escurre después del riego de los jardines.
*3 Arbutus canariensis. El madroño que crece de manera silvestre en Canarias es distinto al madroño europeo. Quien quiera ver la diferencia entre uno y otro puede optar por visitar el jardín del edificio del Rectorado de la Universidad en La Laguna, donde hay plantado un ejemplar de gran tamaño del Arbutus unedo (justo a mano derecha de la entrada principal del edificio) y, seguidamente, compararlo con el ejemplar de Arbutus canariensis que se encuentra en el parque de la Biblioteca General, constatando que, aunque el fruto es igual en una y otra especie, las hojas del europeo son más pequeñas respecto a la especie isleña. Los frutos de este árbol son comestibles, pero sólo cuando están bien maduros, momento en el que son una auténtica delicia. Y por eso mismo el campesinado canario distigue entre el madroñero (el árbol) y el madroño (su fruto).
4 Bauhinia variegata. Este pequeño árbol procede de la India y modernamente se está utilizando mucho en Canarias con fines ornamentales, dada la vistosidad de sus flores. Son dichas flores las que dan lugar a uno de sus nombres comunes: el de árbol orquídea, pues aquellas recuerdan mucho a las de las genuinas orquídeas, aunque botánicamente no hay parentesco alguno entre estas especies. Más prosaicos son otros de los nombres populares de la Bauhinia varieagata: pata de camello, casco de vaca o pata de vaca, ya que la forma doblemente lobulada de sus hojas recuerda la impronta de la pezuña de un bóvido o animal afín. En cualquier caso estamos ante una especie que parece ser nueva en Canarias, y sus denominaciones pertenecen más al ámbito de la bibliografía, ya que suele ser desconocido para la gran mayoría de los isleños.

5 Callistemon sp. Las varias especies de arbustos del género Callistemon proceden de Australia, y son cultivados por su interés ornamental. Según la bibliografía su nombre común es limpiabotella, una denominación fácil de entender si contemplamos un ejemplar de este vegetal, donde los muy desarrollados estambres de sus flores adoptan una disposición radial y cilíndrica en torno a un eje central, recordando la imagen que ofrecería una escobilla. Creemos que estamos ante una especie que es nueva en la jardinería canaria, lo que puede explicar que no le hayamos recogido en las Islas, y de forma oral, nombres comunes. Además, salvo jardines recientes y de centros públicos, es inexistente en la jardinería tradicional del Archipiélago.
*6 Canarina canariensis. Es el bicácaro de los libros, y entendido como nombre normalizado en ambientes cultos de una planta endémica de Canarias. Sin embargo, el campesinado canario tiende –aunque no siempre– a distinguir entre el nombre de la planta, que puede ser el bicacarero o la bicacarera, y la denominación de su fruto comestible, para lo cual se reserva la voz bicácaro. De hecho la realidad es más compleja, pues dependiendo de la Isla en cuestión, o de una comarca de la misma, la Canarina canariensis puede ser conocida con otros términos alternativos, como campanera, campanillero o esquilonera, nombres, todos ellos, que aluden a la forma de campana que tiene la muy vistosa flor de esta especie. Nombre también, el científico, que alude a que la planta es genuinamente canaria, y aunque en la flora isleña la Canarina canariensis no tiene parientes, sí cuenta con ellos en África Oriental, donde crece la llamada Canarina abyssinica. Finalmente, y si la queremos ver al natural en el parque del Campus de Humanidades, debemos tener en cuenta que estamos ante una planta que se renueva todos los años, secándose la parte área, y permaneciendo viva la parte subterránea, por lo que dependiendo de la fecha en la que estemos podremos detectarla con flor, con fruto, sin ni lo uno ni lo otro, o, simplemente no verla. No olvidemos, por último, que debemos buscar tres ejemplares de dicha planta en el suelo, y al pie de cada uno de los tres árboles (dos hayas y una sabina) que forman un pequeño bosquete situado al Norte del edificio de la Biblioteca General, y a unos 7 metros al Nordeste de las escalinatas que dan acceso a la Facultad de Derecho.
7 Ceratonia siliqua. El algarrobo es un árbol procedente de la cuenca mediterránea, y que en Canarias parece haber sido cultivado por lo menos hasta la primera mitad del siglo XX. Hoy en día, los viejos ejemplares que podemos ver de esta especie son el recuerdo de aquel pasado, en el que de este árbol, sobrio y resistente al clima árido de las Islas, tenía múltiples utilidades. Sabemos que era usado como forraje para las vacas; o que sus frutos eran comidos por las personas, tanto en fresco, como, reducidas a gofio sus semillas. Pero quizá el empleo humano que más nos llama la atención es el uso que se hacía de sus frutos en forma de vainas, con los cuales, machacados, se frotaban las liñas (sedales) de los pescadores. Untadas de esa manera las liñas ganaban en duración frente al poder degradante del agua marina, y al mismo tiempo adquirían una coloración que, al parecer, pasaba más desapercibida a los peces, facilitando su captura. Dicho proceso de preparación de los sedales se conocía en Canarias como “farrobar las liñas”, lo que no es otra cosa que una expresión de origen portugués, como lusitánico resulta ser gran parte del léxico de los pescadores canarios. También es muy posible que sea portuguesa la costumbre del campesino canario de distinguir entre el nombre del árbol y el de su fruto, lo que consigue empleando los sufijos –era o –ero para denominar al vegetal en su conjunto, disociándolo de su fruto, o de cualquier parte del mismo que sea percibida como de alguna utilidad por separado. Surge así el alfarrobero o algarrobero, que para los canarios es el nombre del árbol que da las algarrobas. Una matización conviene hacer, alfarrobo, y sus muchas variantes, también es término usado en Canarias para referirse a varias especies de plantas del género Aeonium (y especialmente el Aeonium holochrsyum). Esta concidencia terminológica se explica porque tanto el árbol (Ceratonia siliqua) como el subarbusto (Aeonium ssp.) servían para lo mismo que ya hemos mencionado: “farrobar las liñas”, con el fruto en el primer caso, y con la corteza de la planta en el segundo.
*8 Convolvulus floridus. No sabemos si el ejemplar de guaydil que está en el empedrado situado a unos cinco metros al Oeste del edificio del Instituto Universitario de Neurocincia fue plantado o si nació allí al haber llegado al lugar una semilla. Lo que sí podemos decir es que estamos ante un arbusto que resulta sumamante interesante por varios motivos, además de por interés ornamental debido a su hermosa floración de color blanco. Uno es que se trata de un endemismo canario, es decir, que sólo crece en estas islas de forma silvestre. Otro detalle a tener en cuenta es que tiene unas raíces olorosas que desprenden un aroma parecido al agua de rosas, y que por tal motivo, en el siglo XVIII se exportaba a Europa, junto con su pariente el Convolvulus scoparius (la leña noel) para allí destilar perfumes. Ese parentesco botánico –que no de su aspecto exterior– genera que el Convolvulus floridus pueda ser conocido en la isla de La Palma como anuel (variante de la expresión leña noel o leña nuel) Y probablemente, por la misma razón aromática, sándalo es el nombre que se emplea en La Gomera y en El Hierro (en esta última isla sólo se encuentra en Valverde) también para el Convolvulus floridus. Guaydil y sus variantes es nombre prehispánico, y sólo usado en Tenerife y Gran Canaria. Lo que no estamos en condiciones de afirmar es si se trata de una voz indígena de Gran Canaria que pasó a Tenerife, o viceversa.
9 Cortaderia selloana. Uno de los nombres comunes de esta planta –plumacho– no necesita explicación, pues alude a las enormes espigas de esta gramínea que le confieren un especial interés ornamental. En cuanto al nombre científico de esta especie también es fácilmente entendible sin necesidad de saber latín, pues basta intentar arrancar sus hojas con las manos para darse cuenta de a qué alude la voz Cortaderia… Y es que a pesar de su aspecto tan delicado, los bordes de sus hojas son extremadamente afilados y pueden cortar con facilidad la piel humana. Planta natural de Sudamérica; que en Canarias podemos ver especialmente en jardines, pero que a veces también es posible localizar, ya asilvestrada, siempre en zonas de medianías de la vertiente Norte de las Islas.
*10 Davallia canariensis. Al igual que sucede con el culantrillo, la batatilla (uno de los muchos nombres que tiene este helecho) no ha sido plantada por jardinero alguno, sino que ha nacido por sí misma, al llegar sus esporas al lugar y encontrar un ambiente adecuado a su desarrollo. Su nombre alude al rizoma rastrero y superficial que emite esta planta, el cual se asemeja a la forma de una batata (el tubérculo comestible). Y cuidado con el nombre científico, porque el hecho de que se llame Davallia canariensis no implica necesariamente que se trate de una especie exclusiva u originaria de este archipiélago. En este caso podemos encontrar este helecho creciendo de manera silvestre, además de en Canarias, en lugares como Galicia, Andalucía, Marruecos y Portugal. Tradicionalmente los frondes (hojas) de la batatilla han sido usados para confeccionar las coronas de flores con fines funerarios.
11 Dimorphotheca ecklonis. Planta de la familia de las margaritas, y con varios nombres comunes, siendo uno de ellos el de margarita del Cabo. Esta denominación obedece al hecho de ser una especie originaria del Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica. Es interesante señalar que Sudáfrica es uno de los puntos del Planeta que tiene mayor riqueza florística, y que multitud de plantas ornamentales con las que nos cruzamos a diario proceden de ese lugar. Son sudafricanas, por ejemplo, la estrelitzia (Strelitzia reginae), la oreja de burro o cala (Zantedeschia aethiopica) y la belesa o embeleso, que son los nombres que, respectivamente, recibe el Plumbago capensis en las islas de Tenerife y Gran Canaria.
*12 Dracaena draco. Cuando hablamos del drago conviene matizar que nos referimos a la Dracaena draco ssp. draco, que es el árbol que normalmente vamos a encontrar cultivado como elemento ornamental en Canarias, siendo más difícil verlo en su estado original creciendo de manera silvestre, ya que es muy escaso. Porque dragos hay de varios tipos, y creciendo en lugares muy diferentes del Planeta. Sirva como ejemplo los magníficos dragos de la isla de Socotora, en el Océano Índico, de aspecto más aparasolado respecto a los canarios. Volviendo a Canarias, señalaremos que los frutos del drago son comestibles, tanto para los humanos como para los mirlos. Y como consecuencia de esta segunda opción, y las subsiguientes deyecciones en los dormideros de estos pájaros, es posible encontrar multitud de plántulas de este vegetal creciendo en los troncos de las palmeras localizadas entre el lagunero colegio mayor San Fernando y –al margen de nuevas denominaciones, y para entendernos– lo que siempre se ha llamado Aparejadores.
*13 Echium simplex. Esta planta es endémica del Norte de la península de Anaga, en el extremo Nordeste de Tenerife, pero ya desde al menos el siglo XIX se usa como ornamental, por lo que se la puede encontrar –cultivada o asilvestrada- fuera de su medio original. Las personas naturales de la comarca de la Punta de Anaga, desde Taganana hasta Chamorga, la llaman –o llamaban– palomillo o palomino, mientras que los vecinos de la zona de El Batán y Tegueste, la conocen como arrebol. Y decimos “llamaban”, porque la tendencia actual viene marcada por la sustitución de esos vocablos por el término tajinaste, sin duda porque esta planta es casi idéntica al famoso tajinaste del Teide, el Echium wildpretii, del que difiere en el color de la flor, blanca en el de Anaga, y roja en el del Teide.
*14 Erysimum bicolor. El alheí de los libros, pero que oralmente y en la tradición oral se presenta bajo una gran cantidad de variantes. Una observación: la expresión alhelí montuño, que una y otra vez encontraremos en la bibliografía botánica canaria tiene toda la pinta de ser un modelo apócrifo, que jamás ha existido en el léxico canario relativo a los nombres de plantas. La repetición de la misma mención no es en este caso garantía de veracidad, sino prueba evidente de que los nombres populares no han sido obtenidos vía encuesta oral, sino recurriendo a la más fácil y rapida copia de lo que ya estaba anotado en otro texto. Especie de pequeño tamaño que, si queremos verla, habremos de buscarla bajo el bosquecito de dos hayas y una sabina localizado a unos 7 metros al Nordeste de las escalinatas que dan acceso a la Facultad de Derecho.
15 Erythrina crista-galli. Árbol exótico, no perteneciente a la flora canaria, y que es conocido por cresta de gallo como consecuencia del color y forma de sus flores. Hay que tener en cuenta que la expresión cresta de gallo, como nombre de un vegetal, es una denominación genérica que puede ser usada para referirse a varias especies de plantas. Hacemos esta matización porque en el ámbito de la naturaleza canaria hay una planta también llamada cresta de gallo (la Isoplexis canariensis), con la cual podría confundirse un lector no advertido.
16 Ficus benjamina. Muy similar al laurel de Indias, pero con la ramificación más laxa, siempre y cuando no esté sujeto a podas. Se trata de una especie que parece ser nueva en la jardinería canaria. Por un error cuando elaboramos el plano, no aparece en éste el número 16, pero se puede localizar el ejemplar aludido si nos fijamos en el único árbol sin numeración, situado justo al Sudeste del edificio de la Facultad de Filosofía.
*17 Juniperus turbinata. Faltan muchos años para que las sabinas plantadas en el Campus de Humanidades lleguen a tener la talla y el aspecto de las famosas sabinas de El Hierro. Viento no les faltará, pues desafortunadamente no parece que en el estudio de arquitectura donde se diseñó el nuevo Campus se tuviese en cuenta la dirección más frecuente del viento, con el consiguiente resultado de contar, por ejemplo, con una plaza totalmente inhóspita situada entre los edificios departamentales de Geografía e Historia, Filología y Psicología... Pero volvamos a las sabinas, un árbol que en Canarias crece de manera natural en una franja altitudinal intermedia entre la zona costera y las medianías más húmedas. Históricamente la sabina fue utilizada para la elaboración de carbón, y también nos consta, y queda gente viva para contarlo, el uso de este vegetal con fines veterinarios, concretamente para facilitar que las vacas “echasen las parias” (expulsaran la placenta tras el parto), un uso, este último, que lo conecta con la tradicional vinculación de la sabina con los vegetales abortivos.
*18 Kleinia neriifolia. El berode que señalamos en el plano con el número 18 no ha sido plantado por los jardineros, sino que se trata de un ejemplar que nació como consecuencia de la llegada por el aire, e impulsada por el viento, de una semilla de esta especie. Frecuentemente la expresión berode da lugar a discusiones acerca de cuál es la planta a la que se refiere. En principio berode es el nombre que de forma generalizada recibe la Kleinia neriifolia en todo el Archipiélago. Pero sucede que en ciertas partes de Tenerife berode es también la denominación que se aplica a las plantas de la familia de las crasuláceas (porque tienen mucho agua en sus hojas) que desde un punto de vista biológico quedarían englobadas dentro del género botánico Aeonium. Son estos últimos berodes los que podemos ver en los tejados antiguos del casco viejo de La Laguna. De manera que en Tenerife berode puede referirse tanto a la Kleinia neriifolia, como a otras varias especies de plantas del género Aeonium, teniendo todas ellas en común el ser capaces de almacenar mucho agua en sus tejidos. Por el contrario, y frente a un único nombre común para la Kleinia neriifolia, las plantas del género Aeonium tienen en Canarias muchas denominaciones, como, y entre otras, bejeque, bequeque, sanjora, bea o alfarrobo. Aparte de su uso con fines medicinales, el berode ha sido tradicionalmente usado en Canarias para, con sus troncos ahuecados, elaborar con ellos los cilindros en los que los cazadores llevan los hurones. Finalmente, carece de sentido discutir acerca de si debemos escribir berode o verode, y en la medida que desconocemos el auténtico origen de este vocablo.
19 Lantana camara flava. Planta de origen americano, que en Canarias podemos ver tanto cultivada como asilvestrada. Normalmente los ejemplares más frecuentes de Lantana camara tienen flores multicolores, pero concretamente los que han sido plantados en el jardín del Campus tienen las flores de color amarillo, por lo que pertenenecen a la forma o variedad llamada flava. La naturaleza espinosa y su aspecto da lugar a que en Canarias esta planta sea conocida con nombres como zarza o términos afines, pues, además, los frutos de esta planta son casi idénticos a los de la zarzamora. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, a pesar de esta similitud, sus frutos pueden ser tóxicos para los humanos.
*20 Laurus novocanariensis. El laurel que crece en Canarias no es el mismo laurel del Mediterráneo cuyas hojas podemos comprar en los supermercados, aunque sí es muy parecido al isleño. De hecho, tanto las hojas del primero como las del canario se usan como condimento. No obstante, hay que señalar que en Canarias no todos los laureles silvestres tienen esa aplicación, pues habitualmente el campesinado canario sólo le reserva tal uso a aquellos ejemplares que tienen las hojas más estrechas respecto al resto, que es tenido por amargo. Dependiendo de la isla y de la comarca, el Laurus novocanariensis puede ser conocido en nuestro archipiélago como loro o como laurel. El término loro es un nombre de origen portugués, y su uso parece estar en regresión, a medida que va siendo sustituido por la voz laurel. Sirva como ejemplo de esto último el conocido topónimo Llano de los Loros, muy cercano a la Cruz del Carmen en el Monte de las Mercedes, dándose la circunstancia de que la gente de Anaga ya no cuenta en su léxico con la voz loro, por lo que aquel nombre de lugar se convierte en una especie de registro fósil de las expresiones que en el pasado formaban parte del habla común de dicha comarca de Tenerife. Finalmente, señalaremos que no hay que confundir estos laureles con los árboles ornamentales también conocidos como laureles, y que son usados en las avenidas y plazas de las ciudades y pueblos de Canarias, pues se trata de especies totalmente diferentes, pero cuyas hojas parecidas han dado lugar a que se les denomine de igual manera.
*21 Limonium pectinatum. Planta que vive siempre cerca de la orilla del mar, lo que la distingue de otras especies canarias del mismo género Limonium, que suelen ser de mayor tamaño, y que viven más hacia el interior de las Islas. Sin embargo, en cuestión de nombres comunes, todas o casi todas las plantas del mencionado género Limonium suelen ser conocidas bajo la denominación genérica de siempreviva. El origen de dicho nombre se explica porque las flores de estas plantas perduran mucho tiempo, gracias a la ausencia de agua en sus tejidos, lo que les confiere un aspecto a modo de papel. Esta siempreviva es un endemismo macaronésico, es decir, que sólo vive de manera natural en el territorio conocido como Macaronesia, que es el conjunto formado por las Islas Azores, La Madera, las Islas Salvajes, Canarias y Cabo Verde. En el jardín del Campus debemos buscarlo, junto con otras plantas de muy pequeño tamaño, debajo del grupo de tres árboles (dos hayas y una sabina) que forman un pequeño bosquete situado al Norte del edificio de la Biblioteca General, y a unos 7 metros al Nordeste de las escalinatas que dan acceso a la Facultad de Derecho.
*22 Myrica faya. Una persona que conozca el nombre de esta especie por haberlo aprendido en los libros la llamará faya. Pero, por el contrario, si conoce la denominación de este árbol por haberla aprendido de sus mayores, y además es persona natural de las islas de Tenerife, La Gomera y El Hierro, usará la voz haya para mencionarlo. Nos quedan aquellas otras pocas personas nacidas en Gran Canaria que puedan conocer por tradición oral el nombre de este árbol, en cuyo caso lo llamarán hayero. Finalmente, es La Palma la única isla del Archipiélago donde sí se usa en la oralidad la expresión faya. De este última isla fue tomado dicho nombre común por los botánicos de siglos pasados, los cuales lo extrapolaron a la totalidad de las islas Canarias, y de los libros ese nombre ha pasado al conocimiento de los sectores de la población canaria que nutre sus conocimientos a partir de las fuentes impresas. Por lo demás, nuestra haya o faya, voz de origen portugués en el léxico canario, nada tiene que ver con la genuina haya europea, que es especie totalmente diferente.
*23 Olea europaea. Es el olivo, como árbol cultivado, o bien el acebuche, que es lo mismo en su estado silvestre. En Canarias podemos encontrar tanto uno como lo otro; junto a los campos de cultivo el olivo, y en los riscos el acebuche. Es sabido que hay varias clases de olivo; y que los tradicionalmente cultivados en el Sur de Gran Canaria pertenecen a una variedad antigua. Lo que no sabemos es a cuál tipo de olivo pertenece el ejemplar plantado en el parque del Campus de Humanidades.
24 Oxalis pes-caprae (trebina). No hemos insertado en el plano localización específica de esta planta, pues se trata de una hierba que crece dentro del césped que rodea al edificio de la Biblioteca General, y cuyas vistosas flores amarillas sólo son visibles cuando, durante los meses de otoño e invierno, pasan varios días sin ser podado dicho prado. Se trata de una especie originaria de Sudáfrica, y que modernamente se ha convertido en una plaga. En Canarias la población campesina la ha comido, o mejor masticado, dicho tanto de sus bulbos como de sus tallos, pero siempre como algo anecdótico, y nunca como “plato de comida”. Además, se trata de una planta que puede resultar tóxica, por lo que no es recomendable comerla en exceso. El nombre trebina y sus variantes deriva del hecho de que sus hojas, de tres lóbulos, se asemejan a las de los tréboles.
25 Pandanus utilis. Cuando veamos en el nombre científico de una planta los “apellidos” edulis, esculenta o, como en este caso, utilis, es que se trata de vegetales que, o bien tienen alguna parte comestible, o bien poseen alguna otra utilidad para los humanos. Dicen los textos que Pandanus utilis tiene frutos comestibles, pero lo cierto es que en Canarias se trata de una especie que sólo se cultiva con fines ornamentales. Especie exótica, y atípica en los jardines canarios más tradicionales, aunque es cierto que ya Benítez de Lugo et Wildpret (1879: 36) la citan en su Catálogo de las plantas que contiene el jardín de aclimatación de la Orotava.
*26 Periploca laevigata. El cornical, nombre común que alude a sus frutos, dispuestos en pares de vainas opuestas que recuerdan la morfología de los cuernos de una cabra. El ejemplar de esta planta trepadora que encontramos en el muro externo oriental del parque de la Biblioteca ha nacido por sí mismo, y representa un ejemplo de cómo la flora potencial del lugar donde se encuentra el Campus de Humanidades, recupera su territorio perdido. En este caso, además, valiéndose de sus semillas voladoras, que durante el verano pueden viajar varios kilómetros impulsadas por el viento.
*27 Persea indica. Se ha discutido mucho acerca de si la voz viñático o viñátigo con la que se nombra a este árbol es un término portugués o prehispánico. La realidad es que no lo sabemos. Lo que sí se puede decir es que en estado silvestre, este vegetal crece únicamente en las islas Azores, en la isla de La Madera (si escribiésemos en portugués anotaríamos Madeira) y Canarias, concretamente Gran Canaria, Tenerife, La Palma y La Gomera. Si un día caminamos por medio del monte, y nos encontramos con una rata que aparentemente está enferma y casi que la podríamos coger con las manos, es que hay algún viñátigo cen las cercanías. ¿Cómo lo sabemos? Pues porque las ratas suben a la copa de este árbol; cercenan sus tallos más tiernos; y, a continuación, entran en una especie de “borrachera”. Para los animales domésticos es peor, pues si a una cabra se le proporciona hojas de viñátigo como forraje puede significar la muerte para ella. Por el contrario, la madera del viñátigo es muy apreciada, sobre todo para la fabricación de las típicas arcas (baúles) que antiguamente siempre había en las casas canarias.
28 Magnolia grandiflora. El magnolio o la magnolia según los libros, y manolia, así, sin la g, de acuerdo con nuestros registros orales, tanto en Gran Canaria como en Tenerife. Árbol de procedencia americana, de gran belleza, pero de crecimiento muy lento, y que en nuestras islas parece más bien una especie propia de jardines públicos o de grandes mansiones, y nunca de pequeños jardines particulares.



*29 Phoenix canariensis. Por muy normalizado que esté hoy en día llamar palmera o palmera canaria a esta especie, lo cierto es que estos últimos son nombres cultos de muy reciente uso en el contexto canario. Aún hoy la mayor parte de la población rural isleña sigue denominando palmas a estos vegetales –acordémonos, por ejemplo, de la miel de palma–, y así lo corrobora la toponimia, pues son cientos los nombres de lugar que en Canarias llevan el nombre de Las Palmas o La Palma. Y aunque los promotores del –por ellos– llamado “lenguaje inclusivo” piensen que están ante una modernidad, habría que recordar que ya desde tiempo inmemorial los campesinos gomeros distinguían, sin connotaciones ideológicas, entre palmas y palmones, hembras las primeras, y machos los segundos, porque entre estos vegetales hay individuos que fructifican, y otros que sólo producen polen, con el consiguiente mayor o menor interés agrario que ofrecen unas y otros. Aunque, claro está, la ley de la economía lingüística, de forma espontánea, imponía denominar Las Palmas a un conjunto de estos vegetales, dándose por supuesto que, a pesar de ser femenina la voz palma, el hablante entendía –y sin necesidad de la @– que entre ellas había tanto ejemplares masculinos como femeninos.
*30 Picconia excelsa. El palo blanco es un endemismo macaronésico, y macaronésico –concretamente portugués– es el origen de este nombre, que alude a la coloración de la madera de este árbol. Tradicionalmente la madera del palo blanco fue muy apreciada en Canarias, pues por ser muy homogénea era ideal para tallar el jusillo, que es la pieza en forma de tornillo que permite el ascenso o descenso de la viga del lagar.
31 Lavatera acerifolia. Hay dos etapas en la historia del jardín del Campus de Humanidades. En una primera fase sólo se plantaron especies exóticas que sólo tienen un interés ornamental. Pero con posterioridad, y gracias a la iniciativa de los jardineros de a pie que lo atienden, se ha comenzado a plantar especies que en nuestro contexto pueden ser más importantes, ya sea por su rareza o por otras circunstancias. Una de estas nuevas plantas es la conocida, entre otros nombres comunes, como malva o malva salvaje, endémica de varias islas del Archipiélago. Más interesante es la parecida y endémica de Tenerife, Lavatera phoenicea, –la higuereta, como la llaman en Anaga– que podemos ver en el jardín central del edificio viejo de la Universidad, más cerca de la cafetería que de la capilla.
32 Plumeria rubra. Arbusto de floración tan bonita como venenosa… Es la flor de cera o, también, la flor de sebo, como se la conoce popularmente en Canarias. La bibliografía botánica canaria suele incluir el término frangipani como denominación de este arbusto, pero nosotros jamás lo hemos recogido oralmente, por lo que entendemos que esta última es una expresión culta, que sólo se recoge en los libros, y donde su sistemática reiteración en uno y otro texto sólo evidencia que es más cómodo anotar lo que ya estaba escrito, que no dedicar el tiempo a preguntar a quien lo tuviese plantado en su jardín. Este vegetal es originario de América, y, curiosamente, puede ser allí conocido como tabeiba, tapaiba o tamaima, fitónimos, todos ellos, muy parecidos al canarismo tabaiba. ¿Qué tiene en común nuestra tabaiba y la flor de sebo? Pues que ambas tienen látex o “leche” en sus tejidos. ¿Significa eso que la voz tabaiba es de origen americano? Más bien pensamos que es lo contrario, pues el topónimo El Tabaibal de Hermigua, en La Gomera, aparece ya tempranamente en un texto del 23 de octubre de 1493, a tan sólo 9 meses de la vuelta por Lisboa de Cristóbal Colón de su primer viaje al continente americano.
*33 Pterocephalus dumetorus. Planta endémica de las islas de Gran Canaria y Tenerife, y del que podemos aportar rosilla como nombre común, seguro, en el Sur de Tenerife. Al igual que otras pequeñas plantas, hemos de ir a buscarlo a la sombra del grupo de tres árboles (dos hayas y una sabina) que forman un pequeño bosquete situado al Norte del edificio de la Biblioteca General, y a unos 7 metros al Nordeste de las escalinatas que dan acceso a la Facultad de Derecho.
*34 Ranunculus cortusifolius. Una advertencia antes de acercarnos a esta planta: no es recomendable tocarla, pues a pesar de sus muy bellas flores, se trata de una especie cáustica, que irrita la piel. Y aunque los libros de botánica canaria insisten sistemáticamente en llamarla morgallana, lo cierto es que oralmente jamás hemos recogido tal variante entre las personas que han aprendido tal nombre por tradición oral; porque así se lo oyeron a sus mayores; sí, en cambio, las formas bugallón, bugallones o margullón –además de otros muchos– en Gran Canaria, Tenerife y La Palma, o bien arsila en La Gomera, y jorjal en El Hierro. Como en el caso anterior, planta pequeña que podemos encontrar bajo el grupo de dos hayas y una sabina localizado a unos 7 metros al Nordeste de las escalinatas que dan acceso a la Facultad de Derecho.
*35 Rubia fruticosa. Los ejemplares de tasaigo que podemos ver en los jardines de la Bibioteca no han sido plantados por mano humana, sino que han nacido a partir de semillas “sembradas” por las deposiciones de animales (¿mirlos, lagartos?) que han comido los frutos de esta planta. Al igual que sucede con los berodes (Kleinia neriifolia), los tasaigos recolonizan aquí un medio en el que –de no existir impronta humana– estarían en su óptimo ecológico. Pero, y por lo ya señalado sobre su presencia aquí, no busquemos a los tasaigos en los parterres, sino en los muros de piedra seca que deliminan al Campus por su lado oriental, el que mira a la pirámide de Periodismo, o, también, creciendo en el propio tronco de algunas de las palmeras del parque. Tradicionalmente los tallos huecos del tasaigo se usaron para elaborar “cañuelas” de cachimbas para fumar, y, como denota su nombre latino (Rubia) tiene propiedades tintóreas para obtener el color rojo. Especie endémica de la Macaronesia, y prehispánico también su nombre común más normalizado: tasaigo. Sin embargo, y al igual que sucede con la voz faya, la normalización libresca de este nombre común de planta no obedece a que tasaiso sea la forma más empleada en el ámbito rural canario, sino que, simplemente, se refleja aquí la forma más habitual de anotar en un libro el nombre común de una planta: copiarlo de otro libro… La realidad es muy compleja, y señalaremos que tenemos recogidas para este vegetal las siguientes cantidades de nombres comunes en el Archipiélago: Una denominación en Lanzarote, 6 en Fuerteventura, 16 en Gran Canaria, 55 en Tenerife, 25 en La Palma, 23 en La Gomera, y dos en El Hierro.
36 Schinus molle. El especiero o pimentera es el árbol ornamental más clásico de las casas del medio rural de las vertientes a sotavento de las medianías canarias. De origen sudamericano se adapta perfectamente al medio canario, y aunque nace aquí de manera espontánea, no ha llegado a naturalizarse. Estamos ante un árbol que es muy adecuado para los sitios sometidos a vientos constantes, como sucede con la zona donde se encuentra el Campus de Humanidades de la Universidad de La Laguna. Por eso, y quizá por casualidad, fue de las pocas especies elegidas para el arbolado de este lugar de las que se pueda decir que fue acertadamente escogida. Una buena representación de esta especie la podemos contemplar en el exclusivo aparcamiento para profesores y personal de administración y servicios situado al Oeste del Campus de Humanidades, y en su acera oriental. El único defecto de este árbol es tener unas raíces poderosas que levantan el pavimento. Por tal razón algunos de sus elemplares han sido eliminados, y en su lugar se han plantado otros tantos ejemplares del endémico cedro (Juniperus cedrus).
37 Senna spectabilis. Árbol ornamental de origen americano, y que destaca por sus floración en amarillo. Hay que fijarse bien para no confundirlo con otro muy parecido, y que en el parque del Campus de Humanidades está plantado muy cerca: la Tipuana tipu (y que aquí señalamos con el número 40) Tanto para una como para otra, la bibliografía botánica relativa a Canarias aporta varios nombres comunes. Pero nuestra experiencia nos dice que esos nombres citados en los libros suelen ser expresiones cultas, presentes sólo en los textos, y no en el habla popular. Los canarios suelen englobar a este tipo de árboles dentro del término genérico acacia y sus variantes.
38 Taraxacum officinale (diente de león). Al igual que hemos hecho con la trebina (Oxalis pes-caprae) no hemos incorporado señalización de esta planta en el plano de los jardines del campus, pues se trata de una hierba que crece entre el césped que rodea al edificio de la Biblioteca General, y sólo es visible cuando, entre poda y poda del anterior, sus flores amarillas delatan su presencia.
39 Tecoma stans. Arbusto originario de Sudamérica, y que se cultiva como ornamental por el color amarillo de sus flores. No le conocemos nombres comunes en Canarias, pues es muy posible que las denominaciones que encontramos en la bibliografía relativa a esta planta en el Archipiélago no sean otra cosa que simples extrapolaciones a las Islas de los nombres que en verdad son usados en otros lugares.
40 Tipuana tipu. Nos remitimos a lo dicho bajo el número 37 de esta lista, cuando hemos hablado de la Senna spectabilis. Si queremos apreciar bien estos árboles de origen americano, y dado que los ejemplares de esta especie presentes en el Campus de Humanidades suelen ser podados con relativa frecuencia, contamos con la alternativa de contemplar los altos ejemplares de este vegetal que hay en el flanco oriental de la santacrucera Plaza Weyler.
41 Washingtonia robusta (palmera de abanico, originaria de California, en Méjico). Todas las plantas son interesantes dependiendo del contexto en el que se inserten. Pero en el medio canario, las palmeras de la especie ahora tratada sólo tienen un –discutible– interés puramente ornamental, y debido en parte a su rápido crecimiento. Recordamos, además, que cuando estas palmeras fueron plantadas en los jardines del campus, éstas ya tenían varios metros de altura, con unas tallas cuyos precios en el mercado rondarían por unidad, y en precios actuales, varios cientos de euros, lo que lleva a reflexión si tenemos en cuenta que el Vivero de Medio Ambiente de La Laguna suministra de forma gratuita plantas endémicas a los centros de enseñanza. Sorprendentemente, el fenómeno se ha vuelto a repetir muy recientemente, de manera que la novísima Facultad de Bellas Artes de nuestra universidad también ha incorporado grandes ejemplares de palmeras del género Washingtonia a sus jardines.
42 Yucca sp. Leyendo este nombre científico es fácil caer en el error, y suponer que se trata de la planta de la que obtenemos ese tubérculo alimenticio que llamamos yuca. Pero no es así, porque una cosa es el género botánico Yucca (con doble c) que ahora tratamos, y otra muy distinta la yuca comestible (también llamada casabe y mandioca), que es la parte subterránea de la planta conocida científicamente como Manihot esculenta. Son varias las especies del género Yucca que se cultivan como ornamentales, y en Canarias no parece que lleven mucho tiempo entre nosotros, pues sólo las solemos encontrar en jardines de reciente creación. No le conocemos nombre común en el Archipiélago, pero si buscamos en la literatura botánica encontraremos la expresión bayoneta española, que, obviamente, alude a la forma puntiaguda y con forma de puñal de las hojas de este vegetal.
43 Nerium oleander. La adelfa es un arbusto de origen mediterráneo y que, por lo general, sólo vamos a encontrar en Canarias plantado con fines ornamentales, a pesar de la mala fama que tiene por ser planta muy venenosa.
44 Cycas revoluta. Aunque su apariencia es la de una palmera enana o la de un helecho arborescente, en realidad esta planta nada tiene que ver con las genuinas palmeras o con los helechos, pues se trata de miembros de familias botánicas totalmente diferentes. Estamos ante una especie que es originaria del Japón, y que resulta interesantísima desde un punto de vista biológico porque se trata de un auténtico fósil viviente, que ya habitaba la Tierra hace varios cientos de millones de años. ¡Cuidado! Tenemos delante un vegetal que es muy venenoso si lo consumimos (o si dejamos que la consuma nuestro perro), especialmente si se trata de sus semillas. Respecto a su procedencia, Cycas revoluta es una especie oriunda del Japón, y que se cultiva como ornamental. Aparentemente su presencia en los jardines canarios es algo reciente, por lo que los nombres comunes que recoge la bibliografía canaria suelen ser términos cultos, que pasan de un libro a otro, y no de la oralidad a los textos. De hecho, si nos fijamos, podremos observar que normalmente esta planta está en jardines públicos, pero jamás en un jardín de una casa campesina de las Islas. En cualquier caso, y aunque fuese una excepción, sabemos que ya en a finales del siglo XIX, Benítez de Lugo et Wildpret (1879: 43) reseñan la presencia de este vegetal en su Catálogo de las plantas que contiene el jardín de aclimatación de la Orotava.
45 Schinus terebinthifolius. El turbito es un árbol de origen sudamericano que a veces, por su aspecto, puede confundirse con el almácigo o con el lentisco, pues, de hecho, los tres pertenecen a la misma familia botánica. Pero mientras que el almácigo y el lentisco son árboles silvestres en la flora canaria, el turbito es un vegetal introducido y que, generalmente, siempre vamos a ver cultivado con fines ornamentales. Anotamos turbito por ser uno de los nombres comunes citados en la bibliografía, pero realmente no le conocemos nombres comunes usados en Canarias, si es que los tiene, pues se trata de una especie que muy probablemente ha sido introducida relativamente hace poco tiempo. En cualquier caso sí es cierto que ya hemos visto algunos ejemplares asilvestrados en algún barranco de Tenerife, y también resulta llamativa su presencia como epítifito (creciendo sobre otros árboles) en las palmeras de la Avenida de los Menceyes, en La Laguna, un poco por encima del Instituto de Astrofísica de Canarias.
46 Sonchus tenerrimus. Aparece creciendo de manera dispersa en el césped que rodea a la Biblioteca, junto con el diente de león, planta a la que se parece mucho. Al igual que hemos hecho con la anterior y con el Oxalis pes-caprae (la Trebina) no le señalamos en el plano, dado que su ubicación es muy variable al tratarse de una hierba efímera.
47 Ficus microcarpa. Laurel de Indias. Hasta la década de 1980 los laureles de Indias sólo podían multiplicarse en Canarias recurriendo a la plantación de esquejes. Pero a partir de eso años, la llegada a las Islas de una pequeña avispa que poliniza las flores internas de los frutos de estos árboles trajo como consecuencia que éstos puedan ahora reproducirse sexualmente. Y es en los muros de piedra seca que flanquean los jardines del Campus, así como creciendo sobre las palmeras, que podemos contemplar pequeños ejemplares de esta especie. ¿Cómo llegan las semillas de este árbol a las pequeñas rendijas entre las piedras, donde germinan?
48 Philodendron sp. Planta exótica, usada como ornamental en Canarias, y que no aparece con número en el plano, debido a que no es visible desde arriba, ya que está bajo las escaleras que, por su flanco occidental, dan acceso a la Facultad de Filosofía. Tanto ésta como la muy parecida Monstera deliciosa pertenecen al grupo de las conocidas con nombres como esqueleto o costilla de Adán, ya que la subdivisión en lóbulos de sus hojas recuerda al esquema del esternón y costillas humanas. Llama la atención que siendo comestible el fruto de la Monstera deliciosa, no parezca existir tradición de su consumo en Canarias, cuando en la vecina isla de La Madera se puede comprar en el mercado. ¡Pero ojo! Si no queremos cortarnos la lengua vale más no probar sus frutos si no sabemos cómo y cuándo hacerlo.


Agradecemos la ayuda prestada por Daniel García Pulido y Miguel Ángel Mendoza García.

José Perera López


También queremos recordar el artículo publicado en el Blog Examen de naturales, de Antonio Chamorro Segovia, Un jardín Atlántico en el Campus de Guajara.
Dos miradas a las plantas que nos rodean, que ahora conocemos mucho mejor y que podemos disfrutar todo el año.

Tampoco podemos dejar de recordar a las personas que cuidan a diario de los jardines de la Universidad y agradecer a los jardineros este trabajo que nos brinda un entorno mucho más bonito y agradable.

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